En defensa de la valoración
Considero que las estimaciones del valor de mercado del trabajo no remunerado constituyen un ejercicio que merece la pena (como sugieren mis dos últimas publicaciones), siempre que se realicen con cautela y se presenten como un límite inferior aproximado. Sin embargo, la resistencia conceptual a la valoración sigue siendo notablemente feroz, lo cual es una razón de peso por la que no vemos más iniciativas de este tipo.

Una objeción común es que la estimación resulta excesivamente tosca: actualmente disponemos de buenas medidas sobre el número de horas dedicadas al trabajo de mercado, pero no podemos evaluar directamente su valor y, en consecuencia, solemos utilizar una tasa salarial de mercado como aproximación. Esta objeción no me parece lógica, ya que las medidas convencionales de los ingresos tanto nacionales como domésticos asignan actualmente un valor de CERO al trabajo no remunerado; es difícil imaginar una estimación peor que esa.
Otra objeción sostiene que la asignación de un valor de mercado eleva la lógica del mercado y supone capitular ante la mercantilización. En otras palabras, existiría algo culturalmente, si no moralmente, peligroso en asignar un valor monetario a un trabajo que no está motivado realmente por el dinero. Tampoco acepto esta objeción. Por un lado, gran parte del trabajo que se remunera con dinero no está motivado puramente por este (por ejemplo, el trabajo en ocupaciones de cuidados). El mero hecho de medir algo en dólares (como los salarios) no significa que se esté reduciendo a una cuestión puramente monetaria.
Asimismo, la estrategia de «mantener el dinero fuera de esto» es esencialmente una postura defensiva que concede todo el poder del razonamiento económico a los defensores del mercado. Esto facilita que se ridiculice a los defensores de los cuidados y la sostenibilidad como idealistas poco prácticos. Mantengamos nuestros ideales en un lugar central, pero respaldémoslos con análisis económicos.
Las estimaciones del valor de las transferencias no remuneradas en la familia —al igual que las estimaciones del valor de los activos y servicios ambientales— hacen que el mercado parezca muy pequeño en relación con el valor global de los bienes y servicios consumidos. En este momento, imagino una imagen visual, una especie de infografía, que podría ilustrar este punto: las transacciones de mercado representan en realidad un subconjunto relativamente pequeño de todas las transferencias económicas importantes.
El intercambio es solo una forma de transferencia, y una mirada más amplia a las transferencias procedentes tanto de las familias como del medio ambiente revela los límites de la lógica del mercado. Considere la valoración de mercado de los bienes y servicios no remunerados como una suerte de arte marcial, como el aikido, que puede volver la energía del atacante contra sí mismo y hacerlo salir volando.
Gracias a Paul Kalupnieks por poner su excelente imagen de aikido a disposición del público con una licencia de Creative Commons.