Proyecto de Equidad en las Vacunas (2021)
La salud global, como disciplina, se enfrenta a cómo abordar de la mejor manera las disparidades en los resultados de salud y en la prestación de cuidados en todo el mundo, siendo la salud de las mujeres, los adolescentes y los niños una prioridad de la Organización Mundial de la Salud. Pero la equidad en las vacunas es también una cuestión feminista.
La salud global, como disciplina, se enfrenta a cómo abordar de la mejor modo las disparidades en los resultados de salud y en la prestación de cuidados en todo el mundo, siendo la salud de las mujeres, los adolescentes y los niños una prioridad de la Organización Mundial de la Salud. En particular, la OMS afirma que las brechas de género, las prácticas culturales y sociales nocivas y la violencia de género constituyen preocupaciones principales para estas personas. Dado que ya existen inequidades en la distribución de vacunas a escala internacional, no resulta sorprendente que las mujeres, los niños y los adolescentes se encuentren entre los más desfavorecidos. En efecto, los niños y los adolescentes tienen un acceso limitado a las vacunas contra la COVID-19 en comparación con los adultos, porque las entidades reguladoras han aprobado menos vacunas para sus grupos de edad. Además, es más probable que los niños vivan en la pobreza que los adultos. Más allá de la disponibilidad de vacunas u otros tratamientos, los niños y los adolescentes también pueden verse limitados en su capacidad de consentir legalmente la atención.
Garantizar un acceso equitativo a las vacunas es, en última instancia, una cuestión feminista, porque la vacunación protege la salud de las comunidades, en particular la de sus miembros más marginados. Las propias mujeres se benefician de las vacunas, y también lo hacen los beneficiarios de profesiones feminizadas como la docencia, el cuidado infantil y la enfermería. Las mujeres también han perdido trabajo de manera desproporcionada durante la COVID-19 debido a las responsabilidades de cuidado. Las vacunas son especialmente importantes para las personas embarazadas, que presentan un mayor riesgo de complicaciones a causa de la enfermedad. Además, el inicio de la pandemia de COVID-19 dio lugar a que se retrasaran diversos servicios de salud, desde la atención oncológica hasta la salud sexual y reproductiva. Esta reorientación de prioridades ha tenido efectos adversos en la salud de las mujeres, y la vacunación podría limitar nuevos efectos adversos derivados de la infección.
Así, un feminismo que reconozca la variedad de experiencias vividas por mujeres, niños y adolescentes hará hincapié en la justicia distributiva en lo que respecta a la vacunación. Un enfoque histórico y feminista permite a los responsables de la formulación de políticas tener en cuenta estas disparidades en la distribución de vacunas.