“Cuidar nuestros territorios”: economías populares, cuidado comunitario y autoorganización en Colombia

El objetivo de esta entrada de blog es presentar algunas reflexiones preliminares sobre la productividad política del cuidado comunitario y las economías populares en el contexto colombiano. Al introducir los debates en torno a la economía popular, me referiré a tres experiencias concretas y formularé algunas preguntas e hipótesis sobre la posibilidad de disputas políticas para los marcos de la economía popular en el escenario contemporáneo.

Economías populares y trabajo

Las economías populares surgieron durante las últimas décadas en América Latina como ensamblajes de experiencias heterogéneas, subjetividades, formas de trabajo, prácticas autoorganizadas y estrategias para la reproducción de la vida de las clases populares, durante la reorganización capitalista neoliberal del trabajo y el despojo. Estos marcos redefinieron las relaciones entre las prácticas de trabajo, el cuidado y la reproducción de la vida de las clases populares y las formas de lucha política, pero también las formas de cooperación social y organización del trabajo, las reivindicaciones y las disputas. La categoría de economía popular en sí misma forma parte de intensas disputas teóricas, epistemológicas y políticas en la academia, los movimientos sociales y las instituciones públicas para hacer frente a la expansión contemporánea de la wageless life (vida sin salario), como sugiere un inspirador texto de Michel Denning.

Las estrategias populares contribuyeron así a una compleja reconfiguración de los movimientos sociales, la organización territorial y las formas de confrontación y negociación con el Estado; por otro lado, se enfrentan a los procesos de extracción de valor de la cooperación social y los territorios, que forman parte de la expansión de las fronteras de la valorización capitalista y la apropiación del espacio, el tiempo y el valor social. Podemos considerar estas economías barrocas –como las denominó Veronica Gago para indicar «el “abigarramiento” (abigarramiento) de tiempos y lógicas de operaciones, de la producción de espacios saturados y de iniciativas plebeyas» (Gago, 2018)– compuestas por marcos territoriales heterogéneos que surgieron de las múltiples crisis generadas por el neoliberalismo. Estas crisis incluyen diversas formas de violencia territorial, dinámicas de explotación y despojo desarrolladas por diferentes actores en el escenario de las formas contemporáneas de acumulación capitalista basadas en la reconfiguración de la explotación que Mezzadra y Neilson definieron como “multiplicación del trabajo”.

En territorios y espacios muy heterogéneos, las clases populares organizan y reproducen su vida a través de combinaciones de diferentes actividades, trabajo, cuidado y diversos modos de “hacer que la vida valga la pena” (Colectivo de Economía Popular Urbana, 2022). En su nombre, formas heterogéneas y creativas de habilitar prácticas de autogestión y autoorganización caracterizan a las organizaciones y movimientos de base: a través de estas estrategias abigarradas y contradictorias, lidian con el despojo, la explotación, el trabajo y las transformaciones urbanas. Algunas de ellas producen nuevas formas de comunalidad que desafían la producción neoliberal de subjetividad, abriendo la posibilidad de “nuevas formas de autonomía, producción de lo común y recomunalización de recursos y relaciones” (Escobar, 2018).

Al operar una compleja redefinición de las relaciones con el Estado y otras instituciones transnacionales y locales, las luchas populares en América Latina están contribuyendo a disputar –y a veces modificar– las políticas públicas hacia las clases populares en varios países y territorios. Al mismo tiempo, abrieron nuevas disputas desde una perspectiva popular, ecológica y feminista, sobre el valor del trabajo, el cuidado y la defensa de los territorios, combinando y reinventando diferentes perspectivas políticas y ontológicas y enfrentándose constantemente a múltiples formas de violencia, desplazamiento, explotación y extracción. Considerando las economías populares como un campo de batalla extendido donde es posible investigar las formas que asume la cooperación social en la actual acumulación capitalista dentro de las múltiples crisis –crisis social, política, económica, climática y pandémica–, podemos investigar su capacidad instituyente (Gago, 2014) en términos de posibilidad de disputa social y política y comprender las transformaciones políticas contemporáneas.

El contexto colombiano

El objetivo de esta entrada de blog es una breve presentación de reflexiones preliminares sobre la productividad política del cuidado comunitario y las economías populares en el contexto colombiano, caracterizado por una larga historia de políticas neoliberales y la histórica guerra interna. Las economías populares, indígenas y comunitarias en diferentes territorios colombianos se enfrentan constantemente a diversas formas de violencia y desplazamiento, parte de una disputa por la apropiación de territorios para la acumulación de riqueza capitalista, legal e ilegal.

El desplazamiento está conectado con la expansión de la acumulación extractiva de capital –tanto legal como ilegal– como parte de la frontera de las materias primas que ocupa territorios, garantizada por la violencia paramilitar que apoya la acumulación privada de territorios y los intereses de empresarios transnacionales. Históricamente, la acumulación capitalista en Colombia combina diferentes formas de extractivismo, basadas en la agroindustria, el latifundio, el oro u otras minas de fósiles, con formas variables de explotación laboral y nuevos dispositivos de extractivismo financiero (refiriéndose a la propuesta de Gago y Mezzadra de una noción ampliada de extractivismo); al conectar diferentes economías, el endeudamiento popular aparece como un dispositivo que permite articular dinero de economías legales e ilegales. La implementación de políticas neoliberales desde los años noventa –particularmente en salud, educación y servicios públicos– y las reconfiguraciones del conflicto armado y la violencia en los territorios –que involucran a guerrillas, el Ejército colombiano, formaciones paramilitares y las organizaciones criminales del narcotráfico– contribuyeron a una expansión de la pobreza y la desigualdad en todo el país.

Durante los últimos años, Colombia vivió procesos políticos muy significativos: los Acuerdos de Paz en 2016 entre la guerrilla de las FARC y el Estado; el estallido social en 2021 que cambió el escenario político (como Natalia Hernández y yo analizamos en un dossier colectivo para South Atlantic Quarterly); y, finalmente, la elección de Gustavo Petro y Francia Márquez en 2022 (la primera presidencia de izquierda en la historia de Colombia). Frente al despojo, la privatización y la violencia en los territorios, en un país donde los trabajadores informales representan el 56 % (DANE – Departamento Administrativo Nacional de Estadística), las luchas sociales, los líderes comunitarios y los procesos en defensa de los territorios reconfiguraron profundamente el sentido común y las disputas y conflictos políticos y sociales, combinando formas cotidianas de activismo político con marcos de cuidado y comunidad.

El llamado estallido social abrió importantes procesos de politización, subjetivación y transformación social en Colombia (Castronovo, Hernández, 2021). Como argumenta Cortés (2022), “Las movilizaciones han demostrado que la organización misma de la sociedad pende de un hilo, mientras una minoría acapara grandes privilegios, otros apenas tienen lo suficiente para sobrevivir. […] Más de 21 millones de personas viven en la pobreza y 7,3 millones viven en condiciones de pobreza extrema; la propiedad de la tierra se concentra en manos de muy pocos propietarios: el 0,9 por ciento de la población acapara el 40 por ciento de la tierra; el acceso a la educación no garantiza ningún tipo de movilidad social”.

“Cuidar nuestros territorios”: hipótesis y preguntas preliminares

A partir de mi investigación en curso sobre la productividad política de la autoorganización en las economías populares y la disputa por una transformación social en Colombia, compartiré algunas preguntas y reflexiones preliminares sobre las relaciones entre las prácticas sociales populares, el cuidado de los territorios y la transformación política. Durante reuniones, entrevistas, conversaciones en diferentes territorios, experiencias y contextos, retorna constantemente, en los discursos de líderes sociales y activistas, la frase “estamos cuidando nuestros territorios”, refiriéndose a una constelación de prácticas sociales relacionadas con la reproducción de su vida. Estas prácticas forman parte de una concepción extendida de los territorios y el trabajo, que incluye múltiples dimensiones del vivir, y se conectan con diversas ontologías que coexisten y cooperan en la reproducción de la vida y la defensa de los territorios. Por lo tanto, podríamos investigar: ¿qué tipo de marcos populares están configurando estos procesos? ¿Reconfiguran estos ensamblajes de prácticas y subjetividades los conflictos políticos, sociales y culturales?

La multiplicación de huertas comunitarias urbanas, los mercados autoorganizados de vendedores de economía popular y la lucha indígena en defensa de los territorios representan ejemplos específicos y significativos de estos ensamblajes que constituyen un campo de batalla emergente para la vida colectiva urbana. Teniendo en cuenta experiencias heterogéneas, me referiré a tres ejemplos diferentes que nos permiten investigar estos procesos desde la perspectiva del cuidado, la comunidad y las economías populares.

En primer lugar, en el área metropolitana de Bogotá, las huertas comunitarias se están expandiendo en varios barrios, combinando diferentes tradiciones, patrimonio cultural, modos de uso del espacio, reinventando la economía y las tradiciones campesinas e indígenas en el espacio urbano, los marcos comunitarios y las formas de cuidado. Experiencias recientes están conectando las huertas tanto con economías populares, mercados e infraestructuras, como con cocinas comunitarias –ollas populares– que durante el estallido social y la crisis pandémica representaron infraestructuras sociales muy importantes para la reproducción de las clases populares. También contribuyen a nuevas formas de subjetivación política que involucran a jóvenes en barrios populares, lidiando con la crisis ecológica y pandémica, usando, ocupando espacios o habilitando la reconfiguración social de áreas urbanas abandonadas frente a la especulación y la urbanización neoliberal.

En segundo lugar, los mercados de economía popular en la localidad de Suba, situada en la zona norte de la capital, Bogotá, en el barrio de Lisboa y en otros, representan un marco comunitario central para la reproducción de la vida y una infraestructura popular específica. Cientos de vendedores, mujeres y hombres, cuidan el territorio habitando este espacio urbano para trabajar, pero también cuidando –a niños, personas que lo necesitan, el barrio, el territorio– y ofreciendo seguridad –porque el espacio nunca está vacío, siempre está habitado– y servicios, durante todo el día y la noche. Como surge de varias investigaciones etnográficas, los trabajadores de las economías populares, al habitar los espacios, cuidan esos territorios. Al reproducir su vida y cuidar a otras personas, hacen posible un concepto popular de seguridad –no basado en la policía sino en la comunidad– mientras trabajan ofreciendo servicios económicos, como comida, café y otros artículos. En este caso, sus formas de organizar el trabajo –y su agencia– al “cuidar nuestros territorios” habilitan la posibilidad de vivir en un lugar seguro día y noche, y contribuyen a la vida colectiva en el barrio (Bernal, Giraldo, Ramírez, 2023 – publicado en el libro colectivo del GT CLACSO).

En la misma localidad, el Cabildo Indígena Muisca –el primer cabildo urbano en Colombia– experimentó durante los últimos años una Guardia Indígena autoorganizada en la localidad de Suba, con el fin de cuidar su territorio ancestral desde una perspectiva cultural, comunitaria y ecológica. Comenzaron a organizarse de esa forma durante el paro nacional y el estallido, influenciados por otras organizaciones históricas de autodefensa indígena, y redefinieron y ampliaron sus formas de organización y prácticas de cuidado comunitario durante la crisis pandémica. Se han inspirado en la centralidad de experiencias como la Guardia Indígena, Cimarrona y Campesina, y la Primera Línea en las ciudades y en los puntos de resistencia durante el Paro Nacional y el estallido social. Todas estas experiencias constituyen ejercicios de control territorial, espacios para la autoorganización, la autodefensa, formas de cuidar los territorios, a través de la agencia colectiva, la educación popular, la pedagogía democrática y la articulación de diferentes subjetividades, asambleas territoriales en defensa de la vida y el derecho a la protesta. Actualmente, en el área urbana donde viven, están combinando nuevas formas de organización colectiva entre la comunidad indígena y el trabajo en red con estudiantes y movimientos feministas y ecológicos. Participan en luchas sociales y procesos de defensa de los territorios –especialmente luchas ecológicas– frente a proyectos de infraestructura municipal, y recuperan territorios, abandonados o destinados a la especulación, para actividades sociales, huertas productivas y cuidado ecológico. Estos ejemplos nos permiten abrir la investigación sobre la hipótesis preliminar: “cuidar nuestros territorios”, que surge de la combinación de autoorganización, cuidado comunitario y prácticas de economías populares, habilita nuevos y complejos campos de disputas políticas.

Estas formas de agencia –“cuidar nuestros territorios”– disputan transformaciones sociales y ecológicas, al conectar marcos y luchas, y al reconfigurar la producción colectiva de infraestructura y servicios, basada en la autoorganización, que hace posible la reproducción de la vida para las mayorías urbanas en la crisis contemporánea. Siguen algunas preguntas más amplias sobre los horizontes sociales y políticos de transformación que inspiran mi investigación: ¿las estrategias colectivas de las economías indígenas, populares y comunales potencian formas de autonomía social y política? ¿Qué tipo de posibles reconfiguraciones de las relaciones entre comunidad y Estado están emergiendo? ¿Son estas experiencias y prácticas capaces de crear nuevas formas de institucionalidad, en resonancia con el proceso político contemporáneo en Colombia?

El autor es investigador posdoctoral en la Universidad de Padua, Italia, PI del proyecto STARS Starting Grants sobre economías populares en Colombia; miembro del Consejo Asesor Internacional de Revaluing Care in the Global Economy; miembro del GT CLACSOEconomías populares: mapeo teórico y práctico

Imagen de portada del autor, bajo licencia Creative Commons

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