
Gracias, Nancy, por invitarme a compartir mi propuesta de una RBU que apoye a las mujeres, a los niños y, en general, el trabajo de cuidados. A medida que sopesamos los pros y los contras de una RBU, es importante ser específicos respecto de los objetivos y los detalles de cualquier propuesta concreta, puesto que la definición básica de una RBU —un pago periódico en efectivo, ampliamente distribuido, a las personas, incondicional respecto del trabajo o de requisitos conductuales— deja fuera muchas cosas.
Como Nancy indica, la propuesta de RBU de Andrew Yang está orientada a abordar la pérdida de empleo por la automatización y, con ese fin, limita la RBU únicamente a los adultos. No está estructurando la RBU para abordar la desigualdad, por lo que su esquema de financiación no es redistributivo. En su lugar, se basa en implantar un nuevo impuesto sobre el valor añadido (IVA), el tipo de impuesto general sobre el consumo común en los países europeos, países que también cuentan con amplias prestaciones de bienestar social, incluida la sanidad universal, la educación gratuita o de bajo coste, programas universales de pensiones, etcétera.
Si, en cambio, queremos diseñar una RBU para ayudar a sostener el trabajo de cuidados, la RBU tiene que llegar a los niños además de a los adultos. También querría que la RBU redujera, si no eliminara, la pobreza —una vergüenza en un país tan rico como el nuestro—. Y querría que redujera la desigualdad, un problema creciente en Estados Unidos.
Para alcanzar estos objetivos propongo una RBU de 500 $ al mes para todos —hombres, mujeres y niños—, y financiaría la RBU mediante impuestos progresivos sobre los ricos —idealmente un impuesto sobre el patrimonio específico, pero los impuestos sobre la renta también podrían funcionar, siempre que fueran verdaderamente progresivos—.
Nancy plantea la cuestión de que el surfista y la madre soltera reciban el mismo nivel de apoyo, pero si la RBU llega a los niños además de a los adultos, no reciben el mismo apoyo: los surfistas, si no tienen hijos, reciben solo 500 $ al mes, mientras que la madre soltera recibe 500 $ al mes para ella y 500 $ al mes por cada uno de sus hijos (hasta que alcancen la mayoría de edad y lo reclamen por sí mismos). Y, dado que la RBU es una prestación individual y acumulativa, conservan su RBU íntegra incluso si otro adulto se muda a su hogar, o si ellos se mudan con amigos o familiares. Lo más importante es que, si la RBU se financia mediante impuestos progresivos sobre los ricos, las madres solteras en el extremo inferior de la escala de ingresos conservan sus RBU incluso cuando trabajan, a tiempo completo o parcial, hasta que se sitúan muy por encima de la inseguridad económica.
Comparemos esta RBU no con alguna política ideal no especificada en la que las prestaciones se orientarían perfectamente a las necesidades de las personas cuidadoras excluyendo a los surfistas, sino con las alternativas viables, que, hasta donde alcanzo a ver, son:
El statu quo: sin RBU, solo los programas de “asistencia social” condicionados y sujetos a comprobación de recursos que tenemos ahora, que no logran apoyar a las familias, porque 1) casi todos están condicionados a trabajar o a buscar trabajo, lo que significa que las madres solteras no pueden seguir recibiendo prestaciones si deciden que tiene más sentido financiero quedarse en casa con sus hijos, o si quieren trabajar, pero no pueden encontrar empleos que puedan compatibilizar con sus responsabilidades de cuidados; 2) se basan en el hogar, en lugar de ser prestaciones individuales, lo que significa que una madre soltera que se casa o se muda con sus padres, aunque sea temporalmente, pierde sus prestaciones si el ingreso total y los activos del hogar superan los bajos límites de ingresos y activos; 3) los requisitos de elegibilidad de los distintos programas son variables, confusos y lo bastante estigmatizantes como para que muchos programas de asistencia social tengan una participación muy baja incluso entre quienes son elegibles.
Un nuevo programa que apoye específicamente a las personas cuidadoras: entiendo la motivación, pero me preocupa que una prestación para cuidadores profundice las disparidades en el trabajo de cuidados entre quienes cuidan y quienes trabajan en el mercado. En un momento en que la mayoría de las mujeres combinan trabajo de cuidados no remunerado y trabajo de mercado, y los hombres están aumentando su participación en los cuidados familiares, deberíamos mirar hacia programas que apoyen el trabajo de cuidados de todos, en lugar de sugerir que quienes no reciben la prestación de cuidador quedan exentos. Lo más importante es que todos, incluso los surfistas, necesitamos recursos para cuidarnos a nosotros mismos. En un país rico, ¿deberíamos todos tener que trabajar para acceder siquiera a las necesidades básicas de la vida?
Un programa de pleno empleo/empleos garantizados con cuidados remunerados disponibles para todos: soy escéptica respecto de que esta sea una alternativa viable en Estados Unidos, ya que el modelo está en declive incluso en los pequeños estados escandinavos que lo impulsaron. Pero incluso allí, los ricos pueden eximirse de normas de pleno empleo impuestas de facto a quienes están más abajo en la escala económica, por lo que no aborda de manera significativa la desigualdad a menos que los requisitos de trabajo sean universales. Y, como ha argumentado la filósofa Nancy Fraser*, este modelo sugiere que el trabajo de cuidados es algo que nadie debería querer hacer, y que solo debería hacerse por dinero. ¿Es ese el mensaje que queremos transmitir sobre los cuidados?
Lo que más me gusta de la RBU es el impulso pluralista que la sustenta: que las personas son las mejores jueces de cómo usar su tiempo y sus recursos para encontrar la combinación de cuidados, trabajo de mercado y ocio que tenga sentido para ellas. Esto requiere que todos tengamos algunos recursos de partida y que centremos nuestras preocupaciones sobre el parasitismo donde realmente importan. Los surfistas que viven únicamente de la RBU deberían preocuparnos menos que el parasitismo sistémico del sector de mercado respecto del trabajo de cuidados no remunerado. Una RBU financiada progresivamente es la mejor manera de reparar ese agravio.
*Nancy Fraser, «After the Family Wage: A Postindustrial Thought Experiment», en Fraser, Justus Interruptus: Critical Reflections on the “Postsocialist” Condition, capítulo 2 (1997).