¿Asistencia sanitaria automática?

Es posible que las regulaciones sobre una IA «ética» no logren abordar preocupaciones más amplias sobre la automatización de los cuidados.

La automatización es un elemento omnipresente en el panorama sanitario actual. La automatización utiliza tecnologías emergentes, que incluyen la IA, la robótica y el análisis de datos, para comunicarse con los pacientes, optimizar la facturación, mejorar los diagnósticos, proporcionar tratamientos más individualizados, reducir el trabajo manual y agilizar los flujos de trabajo.

El Departamento de Salud y Servicios Humanos de los EE. UU. está desarrollando un plan estratégico para implementar la Orden Ejecutiva de 2023 del presidente Biden sobre el «Desarrollo y uso seguro y fiable de la inteligencia artificial». Tal como lo exige dicha Orden, el HHS debe avanzar en la «innovación responsable de la IA» en los sectores de salud y servicios humanos mediante el establecimiento de políticas y directrices (y la propuesta de acciones regulatorias, según corresponda) relacionadas con el uso de la IA en la investigación científica y el descubrimiento, el desarrollo de fármacos y dispositivos, la predicción de enfermedades, la prestación de asistencia sanitaria y la salud pública.

La directriz del mandato ejecutivo al HHS se centra en garantizar que los nuevos productos, herramientas e infraestructuras sanitarias sean seguros, imparciales y protejan el bienestar de los pacientes individuales, los cuidadores y otras partes interesadas, así como de la población en general. Al emprender esta labor de importancia crítica, los EE. UU. se unen a la UE y a otros actores en el desarrollo de directrices éticas para el uso de sistemas de IA. Sin embargo, ni la orden de Biden ni la Ley de IA de Europa abordan algunas de las cuestiones centrales que rodean el uso de la IA en la asistencia sanitaria o la automatización de la atención sanitaria de manera más general. Estas cuestiones incluyen cómo se valora, evalúa, distribuye y entiende el cuidado, y el trabajo de los cuidados.

El público se muestra escéptico ante las contribuciones que la IA aportará a la asistencia sanitaria. Una encuesta de 2023 reveló que menos de la mitad de los adultos de los EE. UU. esperaba que la IA mejorara los resultados de salud. A más de la mitad le preocupaba que la IA empeorara la relación entre el paciente y el proveedor. No obstante, el mercado de la automatización sanitaria está en auge, ya que las empresas tecnológicas prometen que la IA y las plataformas de datos reducirán las ineficiencias de costes y las cargas administrativas. Como esto sugiere, la asistencia sanitaria automatizada contribuye a la (continua) mercantilización de los cuidados, otorgando tanto al cuidado como a los cuidadores un valor monetario. Este valor monetario llega a dominar el valor social del cuidado, ya que tanto la forma como el contenido de los cuidados se adaptan para maximizar los beneficios.

En relación con los motivos de rentabilidad, la automatización de los cuidados desplaza la evaluación del cuidado de los marcadores de calidad a los marcadores de eficiencia. Para garantizar tales eficiencias, el uso de la IA en los sistemas de asistencia sanitaria imita un modelo de producción fordista en el que los sistemas de fabricación en cadena dividen los procesos del producto en tareas pequeñas, repetitivas y estandarizadas. La reducción del cuidado a procesos de cadena de montaje altera tanto las formas en que se distribuye el trabajo de cuidados como el significado del cuidado en sí mismo.

Algunas empresas prometen que la IA generativa mejorará el flujo de trabajo sanitario mediante la automatización de tareas como el diagnóstico (desde la fragilidad de cadera hasta los diagnósticos de cáncer), la gestión de los cuidados (desde la atención médica de urgencia hasta la formulación de productos farmacéuticos y la dispensación de medicamentos), el registro y análisis (desde el razonamiento de datos de salud hasta los registros financieros) y la interfaz con el cliente (desde portales de pacientes y chatbots hasta encuestas de experiencia del cliente y sistemas de reparación de agravios).

Mientras que los ejecutivos de la asistencia sanitaria alaban estas herramientas, los médicos se preocupan por la falta de supervisión y las enfermeras señalan el aumento de sus cargas administrativas, ya que los nuevos sistemas de flujo de trabajo las obligan a «cuidar al ordenador en lugar de cuidar al paciente». Además de contribuir al agotamiento del personal de enfermería, los sistemas de flujo de trabajo automatizados pueden desplazar el trabajo de los cuidados de los trabajadores sanitarios a los propios pacientes. Las vías de atención digital pueden ayudar a los pacientes y a sus familias a coordinar los cuidados con los profesionales sanitarios. Al mismo tiempo, la introducción de herramientas digitales puede dar lugar a cargas de cuidado desmesuradas para los pacientes y sus familias. Los flujos de trabajo automatizados piden a un paciente —que puede carecer tanto de conocimientos médicos como tecnológicos— que busque un especialista adecuado, cree una cuenta en línea, instale aplicaciones sanitarias en un dispositivo inteligente, cargue y actualice su historial médico, escanee tarjetas de seguro, firme documentos de consentimiento médico, obtenga y utilice dispositivos médicos portátiles, supervise e informe de los síntomas, complete encuestas de experiencia del paciente y más. Cuando los pacientes son muy jóvenes, muy mayores, están enfermos o tienen una discapacidad, este «cuidado centrado en la persona» traslada una carga significativa de los cuidados a la familia del paciente.

Queda por ver si la planificación en torno a la llamada IA «ética» —en los EE. UU. o en otras partes del mundo— dará lugar a sistemas de asistencia sanitaria mejorados. Es posible que se puedan realizar mejoras en la supervisión, los sesgos algorítmicos y las infracciones de la privacidad. Pero tales mejoras, por deseables que sean, pasan por alto un dilema fundamental implícito en la idea misma de «cuidado automatizado».

Considere lo que queremos decir cuando decimos que un ser humano está en «piloto automático». La camionera que no recuerda cómo llegó a su destino puede ser criticada por ser poco cuidadosa. Del mismo modo, el médico, la enfermera, la madre, el amigo o el amante que simplemente se limita a cumplir con el trámite (por muy afinados y precisos que sean esos movimientos) parece un participante indiferente en la relación que emprende. ¿Qué queremos decir, entonces, cuando hablamos de cuidados automatizados?

Decir que algo es «automático» transmite que puede ser involuntario (no deseado), impulsivo (irracional), espontáneo (instintivo), visceral (activado sin deliberación), mecánico o robótico (sin vida). La facturación automatizada es una cosa. Pero la idea del cuidado como un producto o servicio automatizado lo vacía de su valor y oscurece los componentes afectivos, encarnados, relacionales, cualificados, deliberativos y creativos del trabajo de cuidados (tanto dentro como fuera de los entornos de asistencia sanitaria). Al hacerlo, no atiende a las lecciones de varias décadas de trabajo feminista encaminado a ayudarnos a comprender la naturaleza y el significado moral del cuidado.

La imagen de portada ha sido diseñada por Nancy Folbre
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