Investigar y escribir sobre el cuidado mientras se intenta cuidarse a uno mismo… sin morir en el intento
El dilema de escribir sobre el trabajo de cuidados mientras se es incapaz de cuidarse a uno mismo debido a problemas estructurales como la explotación —o, en este caso, la autoexplotación que nos vemos obligados a soportar para sobrevivir— es una de las principales contradicciones a las que nos enfrentamos como investigadores dedicados a revalorizar este tipo de trabajo.
Concepción Arredondo de Rivera, una anarquista mexicana activa en el movimiento magonista durante la Revolución Mexicana, falleció el 11 de septiembre de 1913 a causa de una dolencia estomacal que, según algunas fuentes, más tarde derivó en una forma de cáncer. Concha de Rivera, como la llamaban sus amigos más cercanos, no solo participó activamente en la revolución, sino que también es conocida por haber dirigido la cocina comunal del movimiento magonista hasta sus últimos días. Tal es la ironía de su historia que surge inmediatamente una pregunta: ¿Por qué la mujer que alimentó a los revolucionarios murió precisamente de una dolencia estomacal?
Me hago esta pregunta mientras me recupero de una gastritis nerviosa que desarrollé hace unas semanas debido al exceso de trabajo; como profesora e investigadora que vive en una pequeña ciudad del Sur Global, tengo que compaginar varios trabajos a la vez para pagar el alquiler, comprar alimentos y cuidar de mi compañero de vida, Guaje. En mi situación actual, imparto un par de clases en la Universidad Vasconcelos de Oaxaca (UNIVAS), realizo investigaciones como freelance, ayudo en uno de los puestos de arte de mi amigo y vendo cosas en línea, desde ropa que ya no uso hasta platos que mi compañero cocina los fines de semana. Aun así, sé que mi situación es privilegiada porque puedo ser algo flexible con mi tiempo —o al menos eso es lo que me digo a mí misma cuando veo lo poco que mis cuatro trabajos logran aportar cuando no llego a fin de mes.
Por eso, la tensión entre escribir sobre el autocuidado y ser incapaz de cuidarse a uno mismo debido a problemas estructurales como la explotación —o, en este caso, la autoexplotación que nos vemos obligados a soportar solo para sobrevivir— es una de las principales contradicciones a las que nos enfrentamos como investigadores que reevalúan este tipo de trabajo. Pero no termina ahí, porque sabemos que no es simplemente una cuestión de cuidarse a uno mismo en sí mismo; no se trata de hacer nuestra famosa rutina de cuidado de la piel antes de acostarse después de pasar ocho horas frente a las pantallas y decir: «¡Listo, me he cuidado!». Más bien, se trata de construir comunidades y redes de cuidado que nos permitan llevar a cabo nuestras actividades sin arriesgarnos a enfermar o, peor aún, a terminar como nuestra querida Concha.
Una de las magonistas que entendió esto muy claramente fue María Brousse Talvera, compañera de vida de Ricardo Flores Magón. Esta revolucionaria zacatecana supo construir formas alternativas de familia a través de redes extendidas de cuidado y crianza, mediante las cuales logró criar a su hija Lucía Norman sin abandonar sus ideales y prácticas revolucionarias. Es interesante que María, aunque vivió en una época en la que aún no había surgido la crítica al trabajo de cuidados como labor no remunerada, se involucró en prácticas reflexivas sobre el tema como firme defensora del amor libre. Es muy probable que esta postura crítica hacia los afectos fuera lo que la llevó a considerar la necesidad de distribuir la carga de los cuidados, y si recordamos la famosa frase de Silvia Federici «lo que llamas amor es trabajo no remunerado», podemos ver que el amor y el cuidado han estado estrechamente entrelazados a lo largo de la historia.
Esta es una de las reflexiones con las que abrí mi artículo titulado «Cuidar la Revolución para verla florecer: Las prácticas-conocimiento de las mujeres anarcomagonistas como política femenina», pues interpretar momentos históricos a través de la lente del cuidado —en este caso, la Revolución Mexicana— nos confronta con la necesidad de comprender los posibles paralelismos entre el cuidado y otras ideas. En otras palabras, se hace necesario entender que quizás muchas de las acciones emprendidas por las mujeres magonistas hacia el movimiento magonista fueron concebidas desde esa perspectiva: amor por la revolución, amor por sus compañeros, amor por la causa, y así sucesivamente. Esto no lo hace menos relevante o digno de investigación; más bien, nos muestra que los afectos son un hilo fundamental del trabajo de cuidados, y esto confiere a estas prácticas una dimensión emocional.
Supongo que por eso me siento tan profundamente conmovida cuando investigo sobre este tema, porque el trabajo de cuidados impregna la vida en todos los sentidos, y se hace imposible no cuestionar las ideas y prácticas que nosotros mismos estamos tejiendo para cuidarnos mutuamente. Sin cuidados, los grandes caudillos de la Revolución Mexicana no habrían existido; sin cuidados, el movimiento magonista no podría haberse sostenido cuando sus líderes fueron encarcelados; sin cuidados, las redes nacionales e internacionales que apoyaron el periódico militante Regeneración no habrían perdurado; sin cuidados, yo no podría escribir esta entrada de blog hoy. Es el cuidado —entendido como el trabajo mundano sostenido a través de la práctica encarnada de la vida diaria— lo que nos permite ir más allá de la mera supervivencia y vivir con dignidad.
Por eso, aunque sé que todavía carezco de estructuras de cuidado colectivo suficientes para sostener mi vida de esa manera digna, me digo a mí misma: «¡fíngelo hasta que lo consigas!» —porque cada día trabajo dentro de redes de cuidado mutuo a través de las cuales espero, en el futuro, seguir construyendo la vida digna que deseo. Después de estas semanas de reflexión sobre intentar cuidarse a uno mismo mientras se investiga y escribe sobre el cuidado, creo que, más allá de la demanda de autocuidado individual —al que las mujeres de clase trabajadora no tienen acceso porque se concibe en términos de consumo—, la voluntad de construir ese futuro de cuidado colectivo que queremos vivir debe florecer en todos nosotros.
Esta obra está bajo una licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional. Imagen de un fanzine creado por la autora en colaboración con la Fundación Rosa Luxemburgo. El fanzine completo, Las Magonistas: Revoluciones, está disponible gratuitamente en el sitio web de la Fundación.