Niños pequeños frente a grandes empresas
Los esfuerzos actuales del Congreso de los EE. UU. para ampliar el Crédito Tributario por Hijos ofrecen reveladoras perspectivas sobre la división partidista.
Hubo un tiempo en que el Crédito Tributario por Hijos contaba, al menos, con cierto apoyo bipartidista en los EE. UU. Este crédito ha formado parte durante mucho tiempo del complejo conjunto de políticas fiscales federales y estatales —como el Crédito Tributario por Ingreso del Trabajo— que hacen un guiño a las asignaciones familiares europeas que ayudan a los padres a sufragar los costes de la crianza de los hijos. Sin embargo, a diferencia de las asignaciones familiares, los créditos se han restringido en gran medida a las familias que obtienen suficientes ingresos imponibles para hacer uso de un crédito que reduzca los impuestos adeudados, lo que se ha denominado como “no reembolsable”.
El primer Crédito Tributario por Hijos no reembolsable de 500 $ fue introducido por el presidente demócrata Bill Clinton en 1997. En 2001, el presidente republicano George W. Bush impulsó con éxito un aumento a 1.000 $ y una reembolsabilidad al menos parcial, de modo que algunas familias de bajos ingresos pudieran beneficiarse. El presidente Obama aumentó la reembolsabilidad y también presionó (sin éxito) para conseguir mayores subsidios para el cuidado infantil. La Ley de Empleos y Reducción de Impuestos del presidente Trump duplicó el crédito tributario por hijos a 2.000 $ por hijo sin abordar la cuestión de la reembolsabilidad.
Un cambio mucho mayor se produjo con el presidente Biden, quien introdujo modificaciones de mayor alcance, aunque temporales, como parte del Plan de Rescate Estadounidense, aumentando el nivel del Crédito Tributario por Hijos de 2.000 $ a 3.000 $ para niños de 6 a 17 años, a 3.600 $ para los menores de 6 años y haciendo que el crédito fuera totalmente reembolsable. Además, el crédito adoptó la forma de un pago mensual en lugar de anual a las familias durante gran parte de 2021.
El efecto acumulativo de la política de Biden fue drástico, reduciendo la tasa de pobreza infantil casi a la mitad, hasta alcanzar un mínimo histórico del 5,2 % en 2021. Sin embargo, una Cámara de Representantes dominada por los republicanos se negó a prorrogar estos cambios. Como resultado, el importe total del Crédito Tributario por Hijos volvió a ser de 2.000 $, y cerca del 26 % de todos los niños dejaron de recibir el importe total debido a la falta de reembolsabilidad.
Claramente, entraron en juego tensiones basadas en la raza, la etnia y la clase social. Como explicó el pasado julio Christopher Howard, experto en prestaciones fiscales de los EE. UU., “los republicanos han adoptado sistemáticamente un crédito tributario por hijos, siempre y cuando las familias de ingresos medios y altos fueran las principales beneficiarias”.
Aun así, muchos padres votantes se han sentido molestos por la reducción tanto de los niveles como del acceso al crédito, lo que ha empujado a algunos republicanos y demócratas de la Cámara de Representantes a elaborar una propuesta de compromiso que ajusta el crédito actual para ofrecer un aumento gradual de las prestaciones tanto para las familias de bajos ingresos como para aquellas con varios hijos.
En estos tiempos, cualquier indicio de cooperación bipartidista parece asombroso, pero un examen más detenido de los términos del acuerdo revela otra dimensión de la brecha de clase. A cambio de la promesa de 33.000 millones de dólares adicionales para el Crédito Tributario por Hijos, los demócratas prometieron exactamente la misma cantidad de gasto adicional en créditos fiscales para las empresas. Esto, en un año en el que los beneficios corporativos estuvieron cerca de un máximo histórico de 3,28 billones de dólares en 2023. El gasto adicional propuesto de 33.000 millones de dólares más para las familias representa aproximadamente el 1 % de esta cantidad, e incluso la revista Fortune informa de que muchos de los aumentos de los precios al consumo del último año son atribuibles al exceso de beneficios.
A veces se describe a los demócratas como el “Partido de la Mamá” y a los republicanos como el “Partido del Papá”.
A menudo me he preguntado cómo difiere entre madres y padres el gasto familiar medio per cápita en los hijos, incluido el valor del trabajo de cuidados no remunerado.
Sin embargo, dado lo que sabemos sobre los efectos de la pobreza infantil en los resultados económicos futuros,
vale la pena reflexionar sobre los costes que se impondrán a la economía estadounidense en su conjunto debido a unas tasas de pobreza infantil que superan las de treinta y cuatro de los treinta y ocho países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
Las inversiones en la infancia son inversiones en el futuro, lo que convierte al Partido de la Mamá en el Partido del Capital Humano frente al Partido del Capital Financiero. Detesto verme obligada a elegir entre ambos, pero esta terminología podría reforzar el apoyo público a la subvención de los futuros trabajadores y contribuyentes de forma más generosa que los beneficios actuales.
Crédito de la imagen: Nancy Folbre
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