Cómo aprendí a amar la macroeconomía

Las economías no pueden reducirse a la producción de mercancías por medio de mercancías. Deben entenderse, de manera más amplia, como la producción de personas por medio de personas.

He despreciado la macroeconomía —incluso las versiones relativamente innovadoras, poskeynesianas e imbuidas de una perspectiva de género— durante muchos años, por dos razones principales. En primer lugar, la macroeconomía sigue centrada en gran medida en una variable de resultado, el Producto Interior Bruto, que mide sistemáticamente de forma errónea el valor total de los bienes y servicios materiales producidos. En segundo lugar, trata la cantidad de uno de sus insumos más importantes, el trabajo, como algo dado de forma exógena o como algo relativamente carente de importancia.

Esto es un error profundo. Las economías no pueden reducirse a la producción de mercancías por medio de mercancías. Deben entenderse, de manera más amplia, como la producción de personas por medio de personas. Mi colaborador James Heintz desarrolla esta crítica en términos excepcionalmente claros y accesibles en su nuevo libro The Economy’s Other Half. Todos los participantes en el proyecto Gender and Macro bajo la rúbrica del proyecto Care Work and The Economy están, de una forma u otra, subvirtiendo el paradigma convencional.

De hecho, me han enseñado a amar la macroeconomía al mostrar cómo los modelos analíticos pueden enriquecer los relatos narrativos de la reproducción social. Me sentí tan inspirada que incluso asistí como oyente a un curso de posgrado (impartido por el mismísimo James Heintz) y repasé mis conocimientos de cálculo.

Volví atrás y leí algunos artículos clásicos de Paul Samuelson y otros autores que explican por qué las transferencias intergeneracionales (incluyendo el sustento y el cuidado de los niños y de las personas mayores) no pueden organizarse mediante el intercambio voluntario.

James y yo esbozamos algunas de las formas en que los economistas han conceptualizado los gastos en la infancia en un artículo conjunto publicado en la revista vasca Ekonomiaz (también disponible en el sitio web del Political Economy Research Institute). Más recientemente, él lideró otro artículo conjunto que explica cómo los modelos macroeconómicos a largo plazo minimizan la importancia del cambio demográfico (“Endogenous Growth, Population Dynamics, and Returns to Scale: Long-Run Macroeconomics When Demography Matters”).

Parece bastante obvio que los modelos que tratan el crecimiento de la población como algo exógeno ignoran el vínculo más importante entre la economía familiar y la economía de mercado. Resulta mucho menos obvio que los supuestos relativos a los rendimientos constantes a escala en las funciones de producción puedan tener implicaciones similares. Nuestro artículo explica por qué ocurre esto. También desarrolla un modelo de crecimiento endógeno que destaca los efectos macroeconómicos potencialmente negativos de las tasas de crecimiento de la población que son o bien “demasiado bajas” o bien “demasiado altas”. Las decisiones microeconómicas no siempre conducen mágicamente a buenos resultados macroeconómicos.

Las tasas de fecundidad por debajo del nivel de reemplazo, que ahora son comunes en muchos países, incluidos EE. UU., Italia, España, Corea y China, pueden tener potencialmente implicaciones macroeconómicas negativas, al igual que las altas tasas de fecundidad características de muchos países subsaharianos. En una secuela de este artículo, planeamos desarrollar sus fundamentos microeconómicos de manera más completa, demostrando los efectos macroeconómicos de las políticas públicas, tales como las asignaciones parentales y los permisos familiares retribuidos, así como los cambios en el poder de negociación de las mujeres en el hogar. Este modelo también podría situar las políticas de inmigración bajo el foco macroeconómico.

¿Quién iba a imaginar que la macroeconomía podría ser tan divertida?

Share:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *