El negocio de la sangre

Dado que muchos países no permiten la compra de sangre humana para la extracción de plasma, las empresas estadounidenses encuentran un mercado dispuesto.

Según The Economist, el plasma representa el 1,6 % del valor de las exportaciones de Estados Unidos. Un artículo reciente de The New York Times explora cómo es la vida de los “plassers”, que venden rutinariamente su plasma a bajo precio, a menudo para poder pagar sus facturas. Los defensores del comercio sostienen que muchos tipos de personas “donan”, pero investigaciones de Heather Olsen y otras personas de la Case Western Reserve University muestran que los centros de recogida tienden a concentrarse en barrios pobres. Sus diapositivas de presentación, incluidos los mapas, resultan convincentes.

Un determinante principal del precio de la sangre, como el de otras mercancías, es el poder de negociación de los compradores en relación con los vendedores. Las diferencias en el poder de negociación pueden ser monstruosas.

En la Francia del siglo XVIII, Voltaire describió a hombres de negocios que “chupaban la sangre de la gente a plena luz del día” y vivían “no en cementerios, sino en palacios muy agradables”. Karl Marx introdujo la metáfora en la economía política cuando describió el capital como “trabajo muerto que, a la manera de un vampiro, solo vive chupando trabajo vivo, y vive tanto más cuanto más trabajo chupa”.

Antaño se creía que la luz del sol y el ajo podían mantener a raya a los vampiros.

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